Siete cosas que hemos aprendido sobre populismo

1. El populismo se puede definir. Aunque el concepto de populismo es conocido por ser usado como arma arrojadiza para referirse a realidades muy diversas, en el mundo académico se ha consolidado una definición de mínimos que es recurrentemente citada y que ayuda a entender la esencia del concepto. Esta definición tiene tres componentes. En primer lugar considera el populismo una ideología ligera (‘thin-centered’ ideology), que puede aparecer junto a otras variadas y de más enjundia. Otras definiciones consideran el populismo más bien una estrategia o un estilo comunicativo, pero según la perspectiva que aquí nos interesa el populismo es un conjunto de ideas. En segundo lugar, esta ideología concibe la sociedad como dividida en dos entes homogéneos y enfrentados entre sí (el pueblo puro y la élite corrupta). En tercer lugar, el populismo considera que la política debería basarse en la voluntad general del pueblo. Esta voluntad general debería primar siempre, y pasar por encima de los posibles acuerdos entre las élites que no la reflejen o sobre los marcos institucionales que la limiten. El contenido que se da a estos elementos fundamentales del populismo (pueblo, élite, soberanía popular) puede variar mucho de un caso a otro y no tiene por qué ser consistente. De esta variedad encontramos diferentes subtipos de populismo (por ejemplo el excluyente de la derecha radical europea, el incluyente de la izquierda latinoamericana y el sur de Europa). Pero todos los populismos combinan el énfasis en el pueblo como centro de las cosas, el anti-elitismo y la primacía de la soberanía popular. A partir de esta definición el populismo puede distinguirse de otros conceptos a los que puede (o no) aparecer vinculado como el autoritarismo, la demagogia, el euroescepticismo, o la xenofobia.

2. El populismo se puede medir. También a partir de esta definición hay ya abundante literatura que desarrolla diferentes métodos e indicadores para medir el grado de populismo en los partidos (aquí), los líderes (aquí) o los ciudadanos (por ejemplo aquí o aquí). En el caso concreto de las actitudes populistas estas propuestas tienen sus problemas, como sucede con cualquier otro indicador de cualquier otra actitud política. Pero incluso con sus limitaciones los índices basados en estos indicadores parecen funcionar: predicen el voto a partidos populistas, como esperaríamos de un indicador válido. En el grafico 1 se puede observar una batería de ítems usados frecuentemente para medir actitudes populistas con sus distribuciones para nueve países europeos.

Grafico 1. Indicadores de actitudes populistas en Europa (% de personas de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación)

Frecuencias

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Livewhat

3. Las actitudes populistas están muy extendidas entre la población. Así como los partidos populistas han sido hasta el momento relativamente pequeños en Europa, lo cierto es que las actitudes populistas están muy extendidas entre la ciudadanía. Es un poco más baja en los países del norte (Suecia, Alemania, Reino Unido, Suiza) que en los del sur (Italia, Grecia, España) o del este (Polonia), pero si promediamos los indicadores no hay muchas diferencias entre países.

4.Las actitudes populistas son más elevadas en posiciones ideológicamente extremas. La relación entre actitudes populistas y auto-ubicación ideológica sigue una característica forma de W: el populismo es más elevado entre los extremos con un pequeño pico en el 5